¿Por qué me exijo tanto? La raíz emocional de la culpa, la autocrítica y el miedo a equivocarme

A veces de lo mejor que estoy con alguien, noto algo diferente en la persona -un cambio en el tono de voz, un gesto, un silencio- y parece que algo en mi se pone en alarma. Mis ojos se abren más, siento presión en los hombros, la respiración se acorta en el pecho, percibo nerviosismo, trago saliva: algo pasa.

Desde una edad temprana, muchos de nosotros aprendimos a leer el clima emocional de quienes nos rodeaban. Aprendimos a bajar la voz, a no “molestar”, a evitar el conflicto, a cargar invisiblemente con lo que creíamos que el otro sentía. Lo que quizás no sabíamos era que estábamos desarrollando estrategias de seguridad para sobrevivir en un entorno que interpretamos como amenazante.

Estrategias como la sumisión, la autoculpa o el perfeccionismo no son fallas de carácter, sino mecanismos protectores. En Psycatrices, veo que muchas personas llegan con estrés, inseguridad, o agotamiento emocional, autocrítica y autosabotaje sin saber que, detrás de esos síntomas, hay una historia de adaptación invisible.

David, por ejemplo, creció en un entorno marcado por la pérdida de su hermano menor y la angustia crónica de su madre. Recuerda momentos en los que se sintió bien consigo mismo, pero eran rápidamente seguidos por reacciones hostiles de su madre. Así aprendió que sentirse bien era peligroso. Con el tiempo, adoptó la estrategia de “mejor no esperar nada bueno”, y evitó estimular sus emociones positivas. En la adultez, esto se tradujo en una dificultad para conectar con el placer, la alegría o incluso el descanso. David se volvió alguien muy comprometido con su trabajo, altamente confiable… pero por miedo a que todo se desmorone si baja la guardia.

La Terapia Centrada en la Compasión (CFT), desarrollada por Paul Gilbert, explica que estas estrategias son intentos de protegernos de amenazas reales o percibidas. Y aunque alguna vez nos sirvieron, con el tiempo pueden volverse fuentes de dolor y autoboicot.

“Las estrategias de seguridad casi siempre tienen consecuencias imprevistas y, por lo general, indeseables, siendo los síntomas una de tales consecuencias.”
(Salkovskis, 1996; Stott, 2007; Thwaites & Freeston, 2005)

Muchos de los síntomas que hoy te duelen —la autoexigencia, la ansiedad, la fatiga constante, la tristeza— no son fallos tuyos. Son consecuencias naturales de haber vivido situaciones en las que necesitaste protegerte a cualquier precio. Y en mi propio proceso terapéutico y de autodescubrimiento, puede ir dándome cuenta de esto.

En Psycatrices trabajo para salir del terreno de la patologización y entrar en el de la comprensión, la compasión y la transformancia. No se trata de cambiar lo que sos, sino de entender por qué llegaste a ser así y abrir un espacio seguro para que algo nuevo pueda emerger.

El problema no es que seas “demasiado sensible” o “débil”. El problema es que, para sobrevivir, tuviste que apagar partes hermosas de vos.

Si sentís que algo de esto te resuena, podés empezar a mirar tu historia desde otro lugar. En psycatrices.org, acompaño procesos de transformación con compasión, cuerpo y presencia.

💌 También podés escribirme para empezar tu propio camino.

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